viernes, 9 de octubre de 2009

A Fernanda

El cielo se ha quedado perplejo
al ver caer una estrella,
cual fulgor se a impregnado en tus ojos
y su belleza la a absorbido tu sonrisa.

El carisma de tu inocencia me cautiva,
pues haz llenado de paz mi vida,
te agradezco hija mia,
por devolverme la inspiración perdida.

Cada centenar de minutos contigo
valen más que cualquier otra cosa,
así sea la fortuna más grandiosa
o una hermosa rosa.

Tengo que admitir que eres lo más preciado,
lo más sagrado, es por eso que toda mi paciencia,
para ti será infinita.

Majestuoso fue el día que te tuve entre mis brazos,
cual sortilegio positivo entre sueños decia que eras preciosa,
esa belleza singular, digna de los ángeles celestiales,
que con tu magia benigna apaciguarás el resto de mis días.

Hay que poner un final digno
a este largo sentimiento,
infinito como las estrellas plateadas
que brillan en el mar quieto.

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