Camino por el largo haz de luz que me muestra la luna,
Platico con el viento, las nubes y el trueno,
Contándole de su belleza intensa que opaca al tiempo,
Ignorando tal vez para mí, el brillo que refleja Venus sobre la duna.
Confieso que me tiemblan los huesos cuando estoy con ella,
Embriagado de su perfume innato que envuelve a su cuerpo,
¡Brisa ligera! llévame contigo a otro lugar,
Que entre más estoy cerca de esta estrella,
Más me da por no dejarla de amar.
Y Venus a lo lejos me miró y entendió mi sufrimiento,
Lazando mi corazón, me llevó preso,
Diosa malvada de mi sufrimiento,
Deja aunque sea estrecharla contra mi pecho.
Cerré los ojos y vi su mirada, alegre, viva y espontánea,
Era mi amada, despidiéndose de mí, observando mí partida,
Venganza fría, de un amor, que murió en vida,
Panacea mezclada con la fina fragancia… de mi cordura.
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