Espontáneos son los muros de cristal,
que dividen nuestros sentimientos,
odio, rencor e ira,
son el reflejo de nuestro amor que va muriendo.
Espontáneos son los muros de cristal,
que las angustias refuerzan,
y el amor no contrarresta.
Espontáneos son los muros de cristal,
que aíslan nuestro cariño,
y enlazan nuestro desprecio.
Espontáneos son los muros de cristal,
que de los sueños derivan,
el amargo mar de los celos.
Espontáneos son los muros de cristal,
que hieren nuestras almas,
y liberan nuestros miedos.
Espontáneos son los muros de cristal,
que absorbe nuestras locuras,
y mata nuestros deseos.
Espontáneos son los muros de cristal,
que son de un cristal,
tan duro como el metal
y tan hiriente como el mal.
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