lunes, 14 de septiembre de 2009

Camino a una muerte anunciada

El frio tan exquisito, aroma de la rosa muerta,
tan confortante como la funebre tristeza,
regosto anelo de una vida acavada,
marcandome el alma de una dura pena.

Succiona el deseo abrumador de tu esencia
cabalgando rumbo a la penumbra
dorada del infierno, buenaventura
diagnosticada por manos sabias, erroneas
por el fervor perturbador de las conciencias apagadas.

Solo me resta predecir... tu muerte.
Antonio de Jesús Pérez Rivera

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