tan confortante como la funebre tristeza,
regosto anelo de una vida acavada,
marcandome el alma de una dura pena.
Succiona el deseo abrumador de tu esencia
cabalgando rumbo a la penumbra
dorada del infierno, buenaventura
diagnosticada por manos sabias, erroneas
por el fervor perturbador de las conciencias apagadas.
Solo me resta predecir... tu muerte.
Antonio de Jesús Pérez Rivera
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